lunes, 28 de diciembre de 2015

El Zen… esa extraña filosofia que domina en las grandes corporaciones

¿Qué tienen en común el actor de cine Richard Gere, el mítico empresario Steve Jobs (1955-2011, Apple Computer Inc.), el deportista Tiger Woods (golf), el empresario en tecnología Kazuo Inamori (Kyocera Inc.), y muchos empresarios, banqueros, artistas, profesionales, y personas comunes? Que son budistas, o practican las herramientas del budismo para lograr la serenidad y paz espiritual que les permite ser exitosos en sus actividades. La sorpresa es que sólo una minoría de ellos son religiosos, la gran mayoría son laicos o de otras religiones distintas del budismo. Es que el budismo tiene una rama, por decirlo así, que es laica, no religiosa al estilo tradicional del budismo tibetano, que se llama Zen, y que está siendo descubierta y usada por todos aquellos que van gozando de sus beneficios. Este fenómeno es patente en las grandes corporaciones empresariales, y en las clínicas del mundo a través de herramientas como la Meditación de Atención Plena o Mindfulness, de uso en terapias antiestrés.
¿Qué es el Zen? Es una escuela del budismo que busca la sabiduría más allá de la racionalidad, a través de la experiencia del autoconocimiento interior del sujeto, y no de su conocimiento racional. Como tal, busca la esencia de la realidad, y a través de ella del mundo o entorno. El Zen postula que todo lo que nos rodea, incluyendo nosotros mismos y lo que sentimos, son sólo construcciones mentales, y por lo tanto en la medida de que dispongamos de una mente sana y abierta podremos tener acceso a una realidad y a un mundo también sanos y libres de inquietudes y ansiedades, sufrimientos según su jerga. La base para llegar a tener una mente así es la meditación; de ahí viene su nombre. Su origen está en la India y en sánscrito se llamó dhiana, que derivó en chan cuando llegó a China en el siglo VII, y luego a Zen cuando arribó a Japón. El fin del zen es el Nirvana o Iluminación, que equivale al despertar, al darse cuenta, al adquirir conciencia plena de lo que uno es. Esto no significa “irse a un cielo” sino descubrir la felicidad de vivir a plenitud el momento y el lugar en el que acontecen las cosas. Por eso se le llama también la filosofía del “aquí y ahora”.
El zen no es una religión, si bien deriva de una, que es el budismo. Es más bien una filosofía de vida y enfoque de la realidad, y por eso ha sido aceptado y apreciado en el occidente. El Zen es una disciplina que estudia la mente humana y su funcionamiento esencial. La preferencia viene del énfasis que pone el zen en la variable que más aproblema al humano moderno, el tiempo. La vida inquieta, llena de desafíos, de ambientes competitivos, causa estragos en la psiquis de las personas, y ha originado una nueva enfermedad que está de moda, el estrés. El Zen no es propiamente una terapia, pero su modelo mental permite revisar los paradigmas y arquetipos que caracterizan la vida moderna y la llenan de agobio, y presta las herramientas para lograr cambiarlos y adaptarlos a un vivir más sereno combinando las exigencias de vivir y ser exitosos con la necesidad de todo ser humano de lograr su felicidad.
¿Cómo lo logra? Conjuncionando algunas ideas básicas que subyacen en la plataforma ideológica del Zen, y dándoles un caracter instrumental. En el recuento que sigue no haremos mención de algunos aspectos de estudio del Zen como cuerpo de conocimientos y filosofía porque escapan al contexto de este artículo, pero baste decir que el Zen es rico en temas de estudio y hoy por hoy es una gran fuente de conocimientos para las neurociencias o la psicología y psiquiatría, por ejemplo. Esas ideas básicas, al alcance de todo el mundo, son:
  1. Todo, absolutamente todo, es una construcción mental. No existe fuera de nuestra mente. Nosotros creamos nuestra realidad. Si lo miramos didácticamente, el “levantarnos con el pie izquierdo” sería una muestra de cómo podemos crear un mal día a partir del estado de nuestra mente. Esta idea fue muy utilizada por Steve Jobs, de Apple Computer Inc., en el diseño de sus equipos como los Ipod y Iphones. Jobs, por ser budista zen, conocía el funcionamiento de la mente humana y fue capaz de crear las realidades que su mente quiso en la mente de sus clientes y usuarios; su éxito demostró la efectividad del método. En general, ésta es una de las ideas más recurridas por todos los estudiosos y practicantes del Zen, ya que les permite visualizar el efecto de sus esfuerzos y lograrlos. Así, el golfista Tiger Woods menciona que él “visualiza” donde quiere poner la bola, y ahí la pone. Un derivado anecdótico y gracioso de esta idea es toda la corriente pseudo científica denominada El Secreto, que postula una pseudo ley natural llamada Ley de la Atracción, según la cual todo estaría al alcance de todos, poco más o menos. Eso no existe.
  2. Llegamos desnudos y nos vamos desnudos, y durante toda la vida andamos desnudos. Lo único que tenemos es el momento presente, el que estamos viviendo. El pasado no está disponible, ya pasó, y nada podemos hacer para modificarlo. Y el futuro no es más que una ilusión, no existe. Sólo existe el presente. Por lo tanto, es muy poco lo que tenemos y debemos usarlo en algo que nos haga feliz. Esto obliga a definir contextos y prioridades en el diario vivir, de manera de cumplir con la misión que tenemos como seres humanos: ser felices en este tránsito humano. Aquí entran las distintas concepciones del “para qué estamos aquí”: ¿para acumular riquezas? ¿Acumular bienes materiales aún sacrificando a la familia? ¿Qué significa ser felices? ¿Dominar a otros nos hace más felices? Detrás de esta idea subyace el concepto de Optimización, del tiempo, los recursos, lo que sea. Por eso es que el Zen es la base ideológica de los sistemas de Calidad basados en el ser humano, como el de las 5 S´s del Japón, e incluso los basados en los procesos, como son las Normas ISO y similares.
  3. No somos lo que parecemos ser. Lo que se ve de nosotros es un constructo, una máscara llamada Ego, que se forma con todos los condicionamientos que vamos recibiendo a lo largo de nuestra vida. El Ego no es malo per se, pero el problema es que no nos enseñan a dominarlo, y a lo largo de nuestra vida es la fuente de infortunios y sufrimientos porque se basa en la comparación y en la decepción que trae lo comparado. El Ego nos obliga a desear lo que no tenemos y tienen los otros; eso nos provoca ansiedad, y es la base de la vida alocada que llevamos “para llegar a tener” y satisfacer el apetito de este Ego que nos domina. Como tal, es la identidad que llevamos con nosotros, mediante la cual somos distinguibles de los demás. El dominio del Ego es la batalla permanente de todos los que practicamos el Zen, porque de su dominio depende la conquista de nuestra serenidad mental y por ende de nuestra felicidad. En la doctrina se habla de “anular” al Ego, de llegar al estado de “vacío”, pero para vivir tranquilos no es necesario sumergirse en la doctrina budista zen; basta con dominar nuestro Ego, “nuestro caracter o temperamento” como lo llamamos corrientemente.
  4. Mirar la realidad tal como es. Esta ha sido una de las frases de batalla del Zen, enfatizando una de sus ideas básicas: la objetividad en la aprehensión de la realidad. Normalmente vemos lo que queremos ver, y eso lo condicionan nuestras creencias. El Ego es quien nos marca la pauta de como vemos e interpretamos la realidad, es quien nos define el mundo en el que nos desenvolvemos. Según las creencias que hayamos internalizado desde que nacemos, veremos de una u otra forma a los pobres, a los ricos, a los cristianos, a los judíos. El Zen, mediante sus herramientas y su enfoque conceptual, nos enseña a mirar a la realidad sin esos cristales que la distorsionan, mostrándola en toda su crudeza o su potencialidad. Esta capacidad del Zen es la más preciada por los estamentos empresariales ya que está comprobado que mejora sustancialmente las habilidades de toma de decisiones, al enfocarse dedicadamente en el fondo, en la esencia de las cosas o eventos, sin distraerse en las creencias que la rodean. La herramienta que más se utiliza en esto es la meditación, la que viene siendo utilizada en los negocios desde la reconstrucción del Japón luego de la Segunda Guerra Mundial. En los momentos actuales la empresa que campea en estos esfuerzos es el gigante del internet, Google, la que incluso ha puesto a disposición del público sus experiencias a través de los escritos de su director de su programa Zen, Chade-Meng Tan, especialmente su libro “Busca dentro de ti”. Estamos hablando del uso del Zen para obtener utilidades, ya que son grandes corporaciones con afan de lucro las que lo usan, las que no se caracterizan por emprender aventuras místicas ni de ningún tipo que las aleje de su objetivo principal, las utilidades.
  5. Los aspectos éticos del zen. El Zen, en si mismo, no tiene una plataforma ética ya que es una filosofía existencial. Esto significa que el practicante es quien define el modelo moral y ético que mejor acomode a sus valores o preferencias. Es decir, así como hay budistas zen también hay católicos zen o judíos zen. Como filosofía, no se asienta en cimientos valóricos, y así tanto Hitler como la Madre Teresa pudieron haber sido practicantes zen. Lo que el Zen hace es afilar la mente, y no marca ni manda el cómo o en para qué la usamos. Esta libertad de enfoque espiritual es otro de los ingredientes de su rápida y entusiasta aceptación en el occidente, sobretodo en aquellas sociedades en las que existen religiones oficiales u oficiosas preponderantes.
Habíamos mencionado que el Zen es mucho más que lo mencionado. Efectivamente, sus practicantes ayudan efectivamente en toda aventura intelectual y científica que signifique encontrar la esencia de la mente humana. La neurociencia, por ejemplo, encuentra en los científicos de enfoque Zen sus más fervientes investigadores. Esto tiene una razón de ser: el budismo, al decir de Albert Einstein, es la religión más científica entre todas las casi 3.000 religiones que existen en el mundo. Si cabe la extensión, el budismo es ciencia pura, y el Zen es la decantación conceptual del budismo. Tal es así que entre los científicos circula la certeza de que las enseñanzas budistas son similares en un 97% a la física cuántica y sus principios, como que muchos de ellos salieron de la doctrina budista, como el Principio de Indeterminación de Heisenberg, o la Estructura del Vacío de Bohr. 
En cuanto a las herramientas, no son totalmente privativas del Zen pero en su seno encontraron su esencia como instrumentos de mejora humana. Herramientas como la Meditación, la Visualización Creativa, el Yoga laboral, el arte de los haikus, la disciplina de los koans, son todas herramientas de uso común en los programas de mejoramiento ejecutivo de las grandes corporaciones que dominan los mercados del mundo. Asimismo es remarcable su influencia en las artes, a través del movimiento minimalista.
La gran pregunta: ¿son traspasables los beneficios del Zen, dada la diferencia cultural entre el occidente y sus orígenes asiáticos? La respuesta es Sí, y la razón es que los problemas son los mismos aquí que en Japón o en el África: la vida vertiginosa nos atrapa y nos tritura, y cualquier enfoque que nos ayude a ser productivos y felices al mismo tiempo, es bienvenido. Además, la práctica enseña que está siendo parte importante de las estrategias exitosas de los que saben, los grandes capitanes de negocios del mundo. Eso solo demuestra su efectividad.
 (Articulo publicado en SEMANARIO UNO, Bolivia, en su Edición Nº 507, por Carlos M. Duarte M, Ingeniero Comercial, Director de ZAZENco Consulting SRL, budista zen).

TaesungKwan Zen

Breves Cuentos e historias Zen para reflexionar

Nota:
Estos cuentos e historias no son de mi autoría, solo los comparto con ustedes porque debido a su brevedad y contenido, tienen el gran efecto positivo y ayudan mucho a la reflexionar,  estimulando el auto-analisis sin tener necesariamente que depender de una explicación sobre la moraleja del mismo.  

LOS MONJES Y LA CHICA
Dos monjes estaban peregrinando de un monasterio a otro y durante el camino debían atravesar una vasta región formada por colinas y bosques.
Un día, tras un fuerte aguacero, llegaron a un punto de su camino donde el sendero estaba cortado por un riachuelo convertido en un torrente a causa de la lluvia. Los dos monjes se estaban preparando para vadear, cuando se oyeron unos sollozos que procedían de detrás de un arbusto. Al indagar comprobaron que se trataba de una chica que lloraba desesperadamente. Uno de los monjes le preguntó cuál era el motivo de su dolor y ella respondió que, a causa de la riada, no podía vadear el torrente sin estropear su vestido de boda y al día siguiente tenía que estar en el pueblo para los preparativos. Si no llegaba a tiempo, las familias, incluso su prometido, se enfadarían mucho con ella.

El monje no titubeó en ofrecerle su ayuda y, bajo la mirada atónita del otro religioso, la cogió en brazos y la llevó al otro lado de la orilla. La dejó ahí, la saludó deseándole suerte y cada uno siguió su camino.

Al cabo de un rato el otro monje comenzó a criticar a su compañero por esa actitud, especialmente por el hecho de haber tocado a una mujer, infringiendo así uno de sus votos. Pese a que el monje acusado no se enredaba en discusiones y ni siquiera intentaba defenderse de las críticas, éstas prosiguieron hasta que los dos llegaron al monasterio. Nada más ser llevados ante el Abad, el segundo monje se apresuró a relatar alsuperior lo que había pasado en el río y así acusar vehementemente a su compañero de viaje.

Tras haber escuchado los hechos, el Abad sentenció: "Él ha dejado a la chica en la otra orilla, ¿tú, aún la llevas contigo?".  

Nota: En este cuento se resalta un aspecto del cual suelo hablar en otros artículos,  la malicia de ciertos actos muchas veces no está en la mente de la persona que los realiza sino en el corazón de quien los ve.
Además de que solemos llevar cargas que no son nuestras, juzgar y hasta inmiscuirnos en la vida de los demás  como si fuera la nuestra.
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EL ESTUDIANTE DESESPERADO
Un estudiante de artes marciales fue hasta su profesor y seriamente le dijo, “Soy un devoto al estudiar su sistema marcial. ¿Cuánto tiempo me tomará dominarlo?”. La respuesta del profesor fue improvisada, “Diez años”.

Impacientemente, el estudiante replicó, “Pero quiero dominarlo mucho antes que eso. Trabajaré muy duro. Practicaré a diario, diez o más horas al día si es necesario. ¿Cuánto tiempo tomaría entonces?” El profesor pensó por un momento, “veinte años”.

Nota:
La impaciencia complica básicamente todo aspecto de la vida incluyendo el aprendizaje. Muchas veces esta misma impaciencia o apuro por conseguir las cosas viene de la mano del capricho, la envidia o algún vacío que tenga la persona.

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LA CONFERENCIA DEL MONJE
Cierto día un monje muy famoso por sus discursos, enseñanzas y sabiduría, había sido invitado a dar una conferencia en una muy prestigiosa universidad de la india. La conferencia tenía como tema principal "La búsqueda de la felicidad", como habían varios expositores previos, el curioso monje daba algunas vueltas por el salón mientras los presentes, entre ellos periodistas, profesores y alumnos, escuchaban atentamente el resto de la conferencia.

Como es obvio el curioso monje, siempre muy bien acompañado por su séquito, se dio una vuelta por el banquete que estaba preparado para los invitados para cuando se culminaran las conferencias.

De pronto el monje oye el llamado de su nombre ya que era su turno de exponer. Todos estaban ansiosos y motivados a escuchar las palabras del monje. El presentador dice: "El monje expondrá, en esta conferencia sobre "la búsqueda de la felicidad", el tema: "De que trata la vida".

Acto seguido, el monje sube al púlpito, mira a todos, mientras todos estaban atentos y jubilosos. El monje los miraba atentamente, sorprendido y les preguntó: Con tantos dulces ricos y esos deliciosos jugos y té que tienen en el banquete... Porqué están allí sentados?, soltando una carcajada inmediatamente el monje bajo del púlpito y se dirigió al banquete para terminarse su té.

Nota:
Pues de eso precisamente se trata la vida: de hacer las cosas, no de esperar que alguien te diga que hacer. De disfrutar sin que alguien te diga que puedes o que no puedes disfrutar. De no vivir bajo preceptos establecidos ni bajo reglas obsoletas. La vida se trata de vivir. Es algo más de práctica que de teorías.

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LA ARAÑA
Un estudiante de meditación tibetano, mientras meditaba en su habitación, creía ver a una araña descendiendo en frente de él. Cada día la criatura amenazadora volvía, creciendo más y más cada vez. Tan asustado estaba estudiante, que fue donde su profesor a contarle su dilema. Le dijo que planeaba colocar un cuchillo en su regazo durante la meditación, así cuando apareciera la araña la mataría. El profesor le aconsejó en contra de este plan. En su lugar, le sugirió que trajera un pedazo de tiza a la meditación, y que cuando apareciera la araña, marcara una X en vientre de la araña. Y que luego le contara.

El estudiante volvió a su meditación. Cuando apareció la araña otra vez, se opuso al impulso de atacarla, e hizo lo qué el maestro sugirió. Cuando más tarde fue a contarle al maestro como le había ido, el profesor le dijo que se levantara su camisa y mirara su propio vientre. Ahí estaba la X.

Nota:
Todo está en tu mente, desde los fantasmas que te inculcan desde niño en las peelículas hasta los maléficos demonios en los que te fuerzan a creer en la mayoría de las iglésias. Una frase que siempre mensiono cuando quiero aconsejar a alguien que dice ver cosas malignas es: Desde que no creo en ningúna religión no he vuelto a ver demonios.  

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EL DISCIPULO LIMITADO 
A un discípulo que se lamentaba de sus limitaciones, le dijo el maestro, “naturalmente que eres limitado. Pero ¿no has caído en la cuenta de que hoy puedes hacer cosas que hace quince años te habrían sido imposibles? ¿Qué es lo que ha cambiado?”

“Han cambiado mis talentos”, respondió el monje.

“No, has cambiado tú”, dijo el maestro.

“¿Y no es lo mismo?”, dijo el discípulo.

“No, tú eres lo que tú piensas que eres, cuando cambia tu forma de pensar, cambias tú”.

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CONCENTRACION Y PIEDAD 
Un joven, preso de la amargura, acudió a un monasterio en Japón y le expuso a un anciano maestro:

—Querría alcanzar la iluminación, pero soy incapaz de soportar los años de retiro y meditación. ¿Existe un camino rápido para alguien como yo?
—¿Te has concentrado a fondo en algo durante tu vida? —preguntó el monje.
—Sólo en el ajedrez, pues mi familia es rica y nunca trabajé de verdad.

El maestro llamó entonces a otro monje. Trajeron un tablero de ajedrez y una espada afilada que brillaba al sol.

—Ahora vas a jugar una partida muy especial de ajedrez. Si pierdes, te cortaré la cabeza con esta espada; y si ganas se la cortaré a tu adversario.

Empezó la partida. El joven sentía las gotas de sudor recorrer su espalda, pues estaba jugando la partida de su vida. El tablero se convirtió en el mundo entero. Se identificó con él y formó parte de él. Empezó perdiendo, pero su adversario cometió un desliz. Aprovechó la ocasión para lanzar un fuerte ataque, que cambió su suerte. Entonces miró de reojo al monje. Vio su rostro inteligente y sincero, marcado por años de esfuerzo. Evocó su propia vida, ociosa y banal...

Y de repente se sintió tocado por la piedad. Así que cometió un error voluntario y luego otro... Iba a perder. Viéndolo, el maestro arrojó el tablero al suelo y las piezas se mezclaron.

—No hay vencedor ni vencido —dijo—, No caerá ninguna cabeza.

Se volvió hacia el joven y añadió:
—Dos cosas son necesarias: la concentración y la piedad. Hoy has aprendido las dos.

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EL PAIS DE LA RISA.
"Un maestro estaba comunicativo, y por eso sus discípulos trataron de que les hiciera saber las fases por las que había pasado en su búsqueda de la divinidad. Primero, les dijo, fuí conducido de la mano al País de la Acción, donde permanecí una serie de años. 

Luego volvió y me condujo al País de la Aflicción, y allí viví hasta que mi corazón quedó purificado de toda afección desordenada. 

Entonces fue cuando me vi en el País del Amor, cuyas ardientes llamas consumieron cuanto quedaba en mí de egoísmo. 

Tras de lo cual, accedí al País del Silencio, donde se desvelaron ante mis asombrados ojos los misterios de la vida y de la muerte. ¿Y fue ésta la fase final de tu búsqueda? le preguntaron. No, respondió el Maestro..., un día fuí llevado al santuario más escondido del Templo...Y fui conducido al País de la Risa."

Nota:
Personalmente considero que gran parte de las aflicciones y problemas en los que las personas se ven sumergidos es por falta de reir, de disfrutar, de tomarse las cosas con calma y de no tratar de evitar el estrés. Todos pasamos por penumbras, tragédias y dificultades pero todo depende de la cara que le pongamos a las situaciones. No todo lo que nos pasa en esta vida es positivo ni no todo es negativo pero si se puede aprender de todo y tratar de sacarle provecho.

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EN EL NOMBRE DE DIOS
Un visitante cristiano refería la historia a un monje budista zen acerca de un santo católicoque quería ir a visitar a un amigo suyo que estaba agonizando; pero, como le daba miedo viajar de noche, le dijo al sol, “en nombre de Dios, te ordeno que permanezcas en el cielo hasta que llegue yo a la aldea donde mi amigo agoniza”. Y el sol se detuvo en el cielo hasta que el santo llegó a la aldea.

El maestro budista zen sonrió y dijo, “¿no habría sido mejor que el santo hubiera vencido su miedo a viajar de noche?”.

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LA PAZ ESTA EN TI 
A un discípulo que siempre estaba quejándose de los demás, le dijo el Maestro,
”si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Es más fácil calzarse unas zapatillas que alfombrar toda la tierra”. 

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COMO NO SERAS UN BUDA 
A la muerte de su maestro, Ba se convirtió en monje peregrino, lo cual significa que no debía pasar más de una sola noche en un mismo sitio. Así estuvo peregrinando, sin morada fija, hasta llegar al monte Heng, en la provincia de Hunan, al sur del gran río Yangtsé.

Cerca de un monasterio solitario, en una roca que le pareció muy a propósito, se hizo una cabaña de ramas y empezó a dedicarse al zazen día y noche, inmóvil como un yogui de la india.

Al otro lado de la misma montaña de Heng vivía Nangaku, discípulo de Eno, el sexto patriarca Zen, desde hacía catorce años. En sus paseos Nangaku se había fijado varias veces en aquel monje inmóvil, haciendo zazen a todas horas, y un día se paró y le dijo:
—¿Qué haces tú ahí?
—Hago zazen —contestó Ba.
—¿Qué quieres conseguir con eso? —preguntó Nangaku.
—Llegar a ser un Buda (iluminado).

Nangaku no dijo nada. Fue a recoger una teja caída del monasterio y empezó a frotarla en una piedra. Ba, viéndole así un rato, dijo:
—¿Qué haces tú ahí?
—Estoy frotando una teja en una piedra.
—¿Para qué? —preguntó Ba.
—Para convertirla en un espejo.

Ba se echó a reír. 

Nangaku le dijo entonces:
—Igual de poco te vas a convertir tú en un Buda por sentarte. 


Nota
Esta enseñanza va mucho más allá del budismo zen practicado por monjes y discípulos, llega hasta nuestra vida cotidiana. Pretendemos ser, nos etiquetamos y así mismo hacemos con el resto de las personas, pretendemos que sean y las etiquetamos. Lo que somos lo somos por dentro, no por fuera. Como dije el dicho: El hábito no hace al monje.

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EL GRAN MILAGRO 
Bankei estaba un día hablando tranquilamente a sus discípulos, cuando su discurso fue interrumpido por un Padre de otra religión. Estos creían en el poder de los milagros y decían que la salvación venía de la repetición de las palabras sagradas.

Bankei se calló y preguntó al Padre lo que quería decir. El Padre comenzó a alardear que el fundador de su religión podía quedar sentado y quieto durante meses, u dejar de respirar durante muchos días, y pasar por el fuego sin quemarse.

El Padre preguntó, "¿qué milagros puede hacer usted?".

Bankei contestó sonriendo: "Bueno, yo como cuando tengo hambre y bebo cuando tengo con sed". 


Nota
Para culminar esta primera entrega de cuentos e historias relacionadas con las enseñanzas del budismo zen debo decir que así nos enseñan, generalmente, en la sociedad y en las religiones. Que las personas para ser líderes espirituales deben realizar grandes prodigios y milagros. Que alguien especial es aquel que hace maravillas y supera a los demás por sus super cualidades mágicas y ecepcionales. Pues mi respuesta es la siguiente: Todos somos iguales, tenemos prácticamente la misma capacidad de desarrollar diferentes cualidades y todos nacemos, crecemos y morimos, sin ecepciones. 

Historias Zen

Desterrando a un fantasma
La esposa de un hombre estaba muy enferma. En su lecho de muerte le dice, "¡Te amo demasiado!, no quiero dejarte, y no quiero que me traiciones. Promete que no verás otras mujeres cuando yo muera o volveré para rondarte.
Durante varios meses después de su muerte el marido evitó a otras mujeres, pero conoció a alguien y se enamoró. En la noche que se comprometieron, el fantasma de su difunta esposa se le apareció. Ella lo acusó de no cumplir con la promesa, y volvió todas las noches para atormentarlo. El fantasma le recordaba todo lo que habían pasado él y su prometida ese día, hasta el punto de repetir, palabra por palabra, las conversaciones que habían tenido. Esto lo trastornó tanto que no pudo dormir nada.
Desesperado buscó el consejo de un maestro Zen que vivía cerca del pueblo.
"Este fantasma es muy listo", dijo el maestro luego de oír la historia del hombre.
"¡Lo es!", contestó el hombre. "Recuerda cada detalle de lo que dije e hice. ¡Lo sabe todo!"
El maestro sonrió. "Deberías admirar a un fantasma así, pero yo te diré que hacer la próxima vez que aparezca."
Esa noche el fantasma regresó. El hombre hizo exactamente lo que le había dicho el maestro.
"Eres un fantasma muy sabio", dijo, "Sabes que no te puedo esconder nada. Si puedes responderme una pregunta, romperé el compromiso y permaneceré soltero por el resto de mi vida".
"Haz la pregunta", contestó el fantasma. El hombre sacó un puñado de frijoles de una gran mochila que estaba en el piso, "Dime exactamente cuantos frijoles tengo en mi mano".
En ese momento el fantasma desapareció y no volvió nunca más.

El Maestro campana
Un nuevo estudiante se aproximó al maestro Zen y le preguntó como podía prepararse para su aprendizaje. "Piensa que soy una campana", explicó el maestro. "Dame un golpe suave y tendrás un pequeño sonido. Golpéame duro y recibirás un repique fuerte y resonante".
Libros
Había un reconocido filósofo y docente que se dedicó al estudio del Zen durante muchos años. El día que finalmente consiguió la iluminación tomó todos sus libros, los llevó al patio y los quemó.
Buda cristiano
Uno de los monjes del maestro Gasan visitó la universidad en Tokio. Cuando regresó, le preguntó al maestro si alguna vez había leído la Biblia cristiana. "No", respondió Gasan, "por favor léeme algo de ella". El monje abrió la Biblia en el Sermón del Monte de San Matías, y empezó a leer. Después de leer las palabras de Cristo sobre los lirios en el campo, se detuvo. El maestro Gasan permaneció en silencio durante un largo tiempo. "Sí", dijo finalmente, "quien haya pronunciado estas palabras es un ser iluminado. ¡Lo que acabas de leerme es la esencia de todo lo que he estado tratando de enseñarte aquí!"
Persiguiendo dos conejos
Un estudiante de artes marciales se aproximó el maestro con una pregunta. "Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender contigo quisiera aprender con otro maestro para aprender otro estilo. ¿Que piensas de esta idea?" "El cazador que persigue dos conejos", respondió el maestro, "no atrapa ninguno".
Una situación tensa
Un día mientras caminaba a través de la selva un hombre se topó con un feroz tigre. Corrió pero pronto llegó al borde de un acantilado. Desesperado por salvarse, bajó por una parra y quedó colgando sobre el fatal precipicio. Mientras el estaba ahí colgado, dos ratones aparecieron por un agujero en al acantilado y empezaron a roer la parra. De pronto, vio un racimo de frutillas en la parra. Las arrancó y se las llevó a la boca. ¡Estaban increíblemente deliciosas!
Concentración
Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón retó a un maestro Zen que era reconocido por su destreza como arquero. El joven demostró una notable técnica cuando le dió al ojo de un lejano toro en el primer intento, y luego partió esa flecha con el segundo tiro. "Ahí está", le dijo el viejo, "¡a ver si puedes igualar eso!". Inmutable, el maestro no desenfundo su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia la montaña. Curioso sobre las intenciones del viejo, el campeón lo siguió hacia lo alto de la montaña hasta que llegaron a un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado con calma en el medio del inestable y ciertamente peligroso puente, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco, y disparó un tiro limpio y directo. "Ahora es tu turno", dijo mientras se paraba graciosamente en tierra firme. Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo obligarse a subir al tronco, y menos a hacer el tiro. "Tienes mucha habilidad con el arco", dijo el maestro, "pero tienes poca habilidad con la mente que te hace errar el tiro".
Destino
Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría, pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo, "Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelará". Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba. Era cara. Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Después de la batalla, un teniente le dijo el general, "Nadie puede cambiar el destino"."Es verdad", contestó el general mientras mostraba la moneda al teniente, que tenía cara en ambos lados.
Soñando
El gran maestro Taoísta Chuang Tzu soñó una vez que era una mariposa revoloteando aquí y allá. En el sueño no tenía conciencia de su individualidad como persona. Era sólo una mariposa. De pronto, se despertó y se encontró ahí acostado, una persona otra vez. Pero entonces pensó para sí mismo, "¿Era antes un hombre que soñaba ser una mariposa, o soy ahora una mariposa que sueña ser un hombre?"
Egoísmo
El Primer Ministro de la Dinastía Tang fue un héroe nacional por su éxito como estadista y como líder militar. Pero a pesar de su fama, poder, y salud, se consideraba un humilde y devoto Budista. A veces visitaba a su maestro Zen favorito para estudiar con él, y parecía que se llevaban bien. El hecho de ser primer ministro parecía no afectar su relación, que parecía ser la de un venerado profesor y un respetuoso alumno. Un día, durante su visita usual, el Primer Ministro le preguntó al maestro, "¿Su Reverencia, qué es el egoísmo de acuerdo al Budismo?" La cara del maestro se volvió roja, y con una voz condescendiente e insultante, le respondió, "¿qué clase de pregunta estúpida es esa?" Esta respuesta inesperada impactó tanto al Primer Ministro que se quedó callado y furioso. El maestro Zen sonrió y dijo, "ESTO, Su Excelencia, es egoísmo".

El ciego y la lámpar
Cuando un ciego se despedía de su amigo, éste le dio una lámpara. 
“Yo no preciso de la lámpara, pues para mí, claridad u oscuridad no tienen diferencia” -dijo el ciego.
“Conozco al respecto, pero si no la lleva, tal vez otras personas tropiecen con usted” -dijo su amigo.
-"Está bien"
Luego de caminar en la oscuridad tropezó con otra persona....
-“¡Huy!”-dijo el ciego.
-“¡Hay!” -dijo la persona chocada por el ciego en la oscuridad.
-“¿Usted no vio esta lámpara?” -dijo enojado el ciego.
-“¡Amigo! Su lámpara estaba apagada”

             El mudo y el papagayo

Un novicio preguntó a Zu Shou: Digamos que un individuo se ilumina pero no consigue expresarse con palabras, ¿con qué puede ser comparado?
-Con un mudo que prueba la miel.
-Digamos que un individuo todavía no ha alcanzado la Iluminación, sin embargo se expresa (al respecto) con palabras floreadas, ¿con qué puede ser comparado?
-Con un papagayo parlanchín

             El general y su reliquia

Había un general que estaba en su casa apreciando su colección de antigüedades, cuando de repente casi se le cae un precioso jarrón.
-¡Oh! ¡Qué susto!
Pensó: "Ya he dirigido millares de soldados, enfrentando diversas situaciones de vida o muerte y jamás me atemoricé. ¿Por qué será que hoy por causa de una vasija me asusté de esa manera?”.
Finalmente, él comprendió que el hecho de tener en su mente “deseo y rechazo” era la causa de su miedo. Entonces simplemente arrojó la valiosa vasija y la quebró.
                                                                                                                                              
Ni más ni menos

  Existía un hombre muy rico que a pesar de tener mucho dinero tenía una naturaleza mezquina. No soportaba el hecho de gastar ni siquiera un centavo de su dinero.
    Un hermoso día, el Maestro Ch`an (Zen) Mo (silencioso) Hsin (divino) fue a visitarlo.
    -El monje dijo: “Suponga que mi puño estuviera cerrado así para siempre, desde el nacimiento hasta la muerte, sin cambio; ¿cómo llamaría a esto?...”
    -“Una anormalidad (deformación).”
    -“Suponga que esta mano estuviera abierta así para siempre, desde el nacimiento hasta la muerte, sin cambio; ¿cómo llamaría a esto?...”
    -“Eso también sería una anormalidad.”
    -“Sólo es preciso que usted comprenda lo que acabamos de conversar, para que se convierta en una persona rica y feliz.

 
La puerta del paraíso
Un gran general preguntó al maestro:
-¿Realmente existen el paraíso y el infierno?
-¿Usted qué hace?
-Soy un general.
-¡Haa! ¿Qué general? ¡Mas bien parece un carnicero!
-¡¿Qué?! -dijo furioso el general- ¡Lo voy a matar!
-En este momento se abre la puerta del infierno.
-Disculpe, perdí mi postura...
-En este instante se abre la puerta del paraíso.

na rica y feliz.”
 
Si no hay trabajo, no hay comida
Hyakujo, un maestro Ch'an (Zen) chino, acostumbraba trabajar con sus discípulos aún teniendo ochenta años; cortando el pasto del jardín, limpiando el suelo y podando los árboles. Los discípulos sentían pena al ver trabajar tan arduamente al anciano maestro, pero ellos sabían que él no escucharía sus consejos de dejar de hacerlo. Entonces resolvieron esconder sus herramientas. Aquél día el maestro no comió. Lo mismo ocurrió el día siguiente, y el otro.
-El debe estar enojado porque hemos escondido sus herramientas. -pensaron los discípulos- Es mejor que las coloquemos nuevamente en su lugar.
El día que ellos lo hicieron, el maestro trabajó y comió como antes.
Por la noche simplemente los instruyó diciendo:
-"Si no hay trabajo, no hay comida".

Verdadera riqueza

Un hombre muy rico le pidió a Sengai que le escribiese algo para la continuidad de la prosperidad de su familia, de manera que ésta pudiese manterner su fortuna de generación en generación.
  Sengai tomó una larga hoja de papel de arroz y escribió: "El padre muere, el hijo muere, el nieto muere".
  El hombre rico se indignó y ofendió: "¡Yo le pedí que escribiese algo para la felicidad de mi familia! ¿Por qué realizó una broma de este tipo?".
  Sengai explicó tranquilamente: "No pretendí hacer bromas. Sí antes de su muerte su hijo muriera, esto lo heriría inmensamente. Sí su nieto se fuera antes que su hijo, tanto usted como él estarían destruidos. Pero si su familia, de generación en generación, muere en el orden que le describí, ése sería el curso más natural de la vida. Yo llamo a eso verdadera riqueza".

Cazando dos conejos

Un estudiante de artes marciales se aproximó a su maestro con una pregunta:
"Me gustaría aumentar mi conocimiento de las artes marciales. Además de lo que aprendí con usted, me gustaría estudiar con otro profesor para poder aprender otro estilo. ¿Qué piensa de mi idea?".
  "El cazador que acecha dos conejos al mismo tiempo", respondió el maestro, "corre el riesgo de no poder atrapar a ninguno."

El Ahora

Un guerrero japonés fue capturado por sus enemigos y encarcelado. Aquella noche no podía dormir, porque sabía que al día siguiente  iba a ser interrogado, torturado y ejecutado. Entonces surgieron en su mente las palabras de su maestro Zen: "El mañana no es real. Es una ilusión. La única realidad es el Ahora. El verdadero sufrimiento es vivir ignorando este Dharma (enseñanza)".
  En medio de su terror, súbitamente comprendió el sentido de estas palabras, se sintió en paz y durmió tranquilamente.

martes, 10 de marzo de 2015

MEDITACION ZEN

MEDITACIÓN ZEN “Las 13 vías de la meditación”

 Dentro de los 13 caminos de la meditación,  el Zen es parte esencial  al adentrarnos en el mundo de la meditación.
En este mismo instante que estás leyendo este artículo tu atención está focalizada en las líneas que estás leyendo, tu atención esta dirigida a comprender el significado de lo que estás leyendo, aunque suele ocurrir con mucha frecuencia que esto no sea así y tu atención este dispersa en varios pensamientos al mismo tiempo, con la añadidura de cierta prisa por acabar el articulo y pasar a otra cosa. Una técnica cercana al Zen  sería la de hacer  lo que estás haciendo  la de hacer  tan solo lo que estás haciendo incorporando la atención completa al instante presente, de esta forma estarás atendiendo con calma a la lectura además de ampliar el foco de atención a todo lo que ocurre en ti en este instante presente. Si estamos limpiando el polvo de los muebles de nuestra casa  sentiremos como el plumero se desliza por la madera y sus diferentes texturas, captaremos cualquier sensación abiertos a cualquier cambio que se pueda producir mientras solo limpiamos el polvo y solo importa lo que estamos haciendo en este instante.
Cuando nos sentamos a meditar en Zen sería como invertir el proceso anterior, en vez de focalizar desfocalizaremos  para no hacer nada, solo sentarse, solo la respiración en el vientre, solo ser. Por tanto todo lo que ocurra dentro y fuera de mi sucede y por tanto lo acepto sin más.
Una práctica para comenzar con la meditación Zen o ZaZen, una vez nos sentamos en postura (loto, medio loto u otras variantes de posturas en las cuales la espalda esté lo más erguida posible y el mentón metido hacia adentro) sería la de alargar la respiración al espirar, apoyando la inspiración en el plexo solar o boca del estómago y la expulsión  en el bajo vientre, lugar en donde se haya nuestro almacén de energía (dan tien).  Al sentarse implica mirar con los ojos entreabiertos, donde solo se entrevera  lo que está a unos 45 grados delante nuestro, de esa forma ayudara a estar presente en el instante sin hacer nada, solo respirar en el vientre de forma tranquila y sin esfuerzos.
Una práctica para iniciarse en la meditación Zen sería:
  • POSTURA: loto, medio loto u otras variantes de posturas en las cuales la espalda esté lo más erguida posible y el mentón metido hacia adentro.
  • MIRADA: al frente y a 45 grados, con los ojos entreabiertos vislumbrando sin prestar especial atención a ningún objeto. Esto  ayudará a estar presente en el instante sin hacer nada.
  • RESPIRACIÓN: alargar la respiración al espirar, apoyando la inspiración en el plexo solar o boca del estómago y la expulsión  en el bajo vientre, lugar en donde se haya nuestro almacén de energía (dan tien).
  • MENTE: hay que diferenciar entre pensamientos y mente, los pensamientos vienen y van y no haremos nada para retenerlos tan solo dejar ser, esto permite disolver emociones y mantener la focalización en el eterno ahora.              Ruben Cascia 
Hay multitud de variantes par trabajar este tipo de meditación:
1-      Una buena respiración para aliviar la ansiedad ante cualquier situación o antes de comenzar nuestra meditación diaria sería la de realizar una docena de respiraciones en donde modificamos la naturaleza de la espiración. O sea, que si de normal el abdomen se contrae al exhalar ahora voluntariamente lo hincharé y empujaré, sobre todo el bajo vientre, hacia abajo y hacia fuera. Esta respiración ayuda a liberar las angustias que se producen en el plexo y transformarlas en una fuente de energía pura en “dan tien” por lo que esta  respiración está especialmente indicada para personas en crisis emocional.
Un método práctico de emergencia para salir de un ataque de ansiedad en un momento de apuro es el de hinchar un globo pequeño, de los de agua, ya que nos obliga a realizar el ejercicio ya explicado. En la acción de intentar hinchar el globo el abdomen recibe un sobre esfuerzo tras el cual se haya la distensión y relajación de la musculatura abdominal.
2-      Mantener una pregunta o Koan sin esperar respuesta alguna, intentando que la mente se diluya ante una pregunta no racionalizable y de difícil comprensión. La más clásica para empezar es “¿QUIÉN SOY YO?” o un koan clásico:”MUESTRAME EL SONIDO DE UNA SOLA MANO AL APLAUDIR” “El universo entero es MU, ¿QUÉ ES MU?”.
3-      Contar las Respiraciones. Se cuentan las respiraciones de 1 a 10, bien en la espiración (mejor para los principiantes) o en la inspiración (más difícil).  Si pierdes la cuenta o llegas a diez comienza de nuevo. Para veteranos podemos contar 108.
4-      Meditación de la Mente Clara
Esta forma de meditación consiste en simplemente sentarse y ser consciente de lo que ocurre justo en el instante. En este ahora eterno, es un instante donde se oyen los pájaros cantando, voces de niños jugando, un portazo y como no, mi propia ansiedad si la hubiera junto a mis nervios y cualquier movimiento interno o externo. Todo pertenece al presente y debe de ser aceptado sin condiciones. En la mente clara no existe nada que sea considerado molesto, todo es como es.   Este tipo de meditación entra en un nivel donde se ha pasado por las anteriores prácticas.
   En conclusión podríamos decir que el Zen es una herramienta muy útil y  una forma de vida para mantenerte en tu centro, desarrollar el  poder personal de realización, presencia  y enraizamiento.   

viernes, 14 de noviembre de 2014

Homenaje al Sensei Ricardo Cuevas Aikido Kurata Dojo

http://kiawasedojo.blogspot.com.ar/2011/10/ricardo-cuevas-el-adios-un-amigo.HTML

<img src="//lh5.googleusercontent.com/-FyKTvMfDGWk/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAAB4/GxCM36bFgl4/s512-c/photo.jpg" width="35" height="35" class="photo" alt="">taesungkwan hapkido dijo...
Revisando blogs leo el fallecimiento de un gran practicante y maestro del Aikido, Ricardo Cuevas, con el que aprendi muchísimo, mas alla de las técnicas.Debo admitirlo, conceptos como que lo suave tiende a lo duro, y lo duro a lo suave como en un circulo, y donde la mente en blanco, mushin,prevalecera sobre la adversidad, no te lo enseñaba cualquiera, pero lo mas lindo es que lo practicaba en el tatami, y quedábamos pagando con El. que era mayor que nosotros. Se que su búsqueda era espiritual, y el Aikido un camino, nada mas para esta búsqueda, y eso también lo aprendi. Si somos seres epirituales, encapsulados en cuerpos de materia, maestro ya estaras con Oh Sensei, y seguro prarando el tatami para tus siempre compañeros de practica. Seguimos el camino del aprendizaje, con la sola recompensa de caminar. ¡¡ Hasta siempre maestro !!

domingo, 21 de septiembre de 2014

La advertencia



El samurai alto entró en el pequeño pueblo, al este de Kyoto, en la isla de Honshu. Su Ayigasa, un sombrero de junco revestido de seda, que llevaba caído tapando su frente, proyectaba una sombra sobre sus ojos y la mayor parte de su cara. Su ropa de caza de color claro estaba muy contrastado con el lustre de la vaina de laca negra de la espada que portaba en su costado izquierdo. 
            Se movía silenciosamente, cautelosamente, pero sus zancadas eran seguras; su aspecto soberbio. Sus ojos viajaban levemente sobre las diminutas cabañas que bordeaban la tranquila calle. Los aldeanos no se dejaban ver por ninguna parte, aunque el sentía unos ojos siguiéndoles mientras pasaba por delante de las casas. Se habían refugiado del sol, pero hubieran entrado dentro aún en día nublado para evitar el contacto con este guerrero misterioso.
            El samurai estaba satisfecho. No quería encontrar a nadie que pudiera retrasar su búsqueda del artista Hirata . Las ordenes de su Señor, uno de los más fiados Daimyo del Regente Hideyoshi, eran explicitas: debe encontrar pronto a Hirata y convencerle, por cualquier medio que creyera conveniente, que tenía que entregar a su hermosa hija, Okane, al palacio de Edo. Ella será un gran regalo para el poderoso Hideyoshi y traerá mucho honor y favor a su Señor. Le avisaron al samurai que no le permitirían el privilegio de una muerte honorable si fallaba. En vez, lo desterrarían a Corea, donde se uniría al ejecito de Hideyoshi en su intento inútil de conquistar aquella península misteriosa. Serviría como el más humilde de los soldados y seguramente sufriría una muerte ignominiosa.
            No le preocupaba su destino al samurai, porque estaba seguro que no fallaría. Los aldeanos tenían miedo y estaban desarmado. Hirata era un hombre viejo. No tendrá ningún problema en cumplir su misión con éxito. 
            Sin embargo, le habían advertido que no debería tomar ligeramente a Hirata. Era un ninja, un miembro del clan que había hostigado las fuerzas de Hideyoshi mientras viajaban desde Edo a Kyoto antes de que fueran aplastados por el gran poderío del Regente imperante. Se rumoreaba que él había causado muchas muertes de modos horribles y taimados, y solamente le permitían vivir porque Hideyoshi no estaba deseoso de continuar esta guerra derrochadora contra estos campesinos aterradores en un momento cuando estaba tan involucrado con otras campañas más importantes. Volvería a ellos más tarde, cuando sus guerreros retornaran desde Corea, y les exterminaría. Mientras tanto, había una paz.... una paz de odio y desconfianza.
            Una sonrisa atravesó la cara del samurai mientras recordaba su encuentro con un comerciante que conocía a Hirata. Sucedió en unas 50 millas de la aldea. Ël había compartido una botella de sake con el comerciante gordo y jovial, que se sentía relajado por la conversación, cortes y sin importancia, y suavizado por al vino. Era en aquel momento que el samurai sacó el tema de Hirata. ¿Le conocía el comerciante? ¿Sabía donde vivía? ¿Conocía sus costumbres? ¿Sabía de los poderes que poseía?. El comerciante contestó si a todas las preguntas.
            “No quiero saber porque busca usted a Hirata,” –dijo el comerciante. “temo que el conocerlo será peligroso. Tan peligros como puede ser Hirata. No se deja engañar por su edad y comportamiento quieto. Hirata es un hombre tortuoso, como todos los ninjas son hombres tortuosos. A dominado el uso de los venenos, por esto no debe usted aceptar nada de la comida o bebida que le ofrezca. Y no deje que le toque a usted. Han dicho que esconde sus manos unas agujas revestidas de veneno de una potencia mortal. Aunque es usted joven, y fuerte, resultará ser un oponente digno, si le busca como oponente.
            “Vive al final de la aldea, en una casa situada encima de un otero flanqueado por un riachuelo pequeño. Vive con su hija, Okane, la flor más bella que ha crecido en Honsh, que le sirve y la honra como si fuera un Señor poderoso. Vive en paz ahora, trabajando en su arte desde el amanecer hasta el anochecer. Pero no se equivoque por esta serenidad. Es peligroso. Es tortuoso. “
            El samurai estaba satisfecho con la información que recibía del comerciante borracho, y ahora, mientras se acercaba a la casitas pequeña encima del otero, tenía confianza en que su misión le saldría bien.
            El samurai tuvo que agachar la cabeza para ver a través de la puerta abierta de la casa de Hirata. Debido al deslumbramiento cegador del sol del mediodía, sus ojos tardaron unos momentos en acostumbrarse a la habitación sombría. Estaba amueblada sencillamente... casi estéril. Unos pocos tatamis en el suelo, un juego de té de diseño simple sobre una mesa baja en medio de la sala, un hornillo y utensilios de cocinar en el rincón distante. Una lámpara colgaba del techo, pero ofrecía poca iluminación. La mayoría de la pared opuesta estaba abierta para revela r un pequeño jardín, bien cuidado, de rocas y árboles. En el centro de la abertura, destacado contra la luz, una figura se sentaba con las piernas cruzadas frente a una mesa baja. Estaba pintando, observo el samurai, con pincel y tinta, y estaba tan absorbido en su trabajo que no se percató, o no parecía percatarse, en la figura alta en el portal.
            “Busco un hombre llamado Hirata.” –La voz del samurai resonaba con autoridad.
            Lentamente sew enderezaba la figura de la mesa y, sin volverse, contestó.
            “Soy Hirata. ¿Cómo puedo servirle a usted?”.
            El samurai entró en la habitación, echando sus hombros hacia atrás y apareciendo aún más masivo que era en realidad. Se acerco a Hirata con pasos firmes. Impresionaría al artista con su poder inmediatamente. Estaba seguro que no habría problemas.
            “Soy de Mito, y traigo una oferta que honrará a su casa “.
            Hirata se levantó lentamente y se volvió. Era delgado y más alto que parecía cuando estaba sentado. Se vistió una Hakama por encima de su sencillo kimono blanco. Su pelo era abundante y largo, tocado de gris. Una pequeña barba escasamente cubría su barbilla. Le asombraba al samurai que la cara del artista no tenía arrugas, que sus ojos eran claros y llenos de vigor. Pero más le impresionaba las manos de Hirata. No parecían encajar con su cuerpo eran grandes y fuertes... las manos de un hombre de gran fuerza... de un guerrero.
            “Ya me ha honrado por haber entrado en mi humilde casa.”  -dijo Hirata mientras se inclinaba ligeramente apretando sus manos entre si.
            El samurai no devolvió la reverencia. Establecería de inmediato quien era el superior, aunque significaba insultar a su anfitrión. Hirata no parecía notarlo o simplemente ignoró la grosería.
            “Le ofrezco algo de té. O tal vez prefiere sake.” –dijo indicando hacía la mesa en medio de la habitación.
            El samurai declinó. Se pone en marcha rápidamente, pensó.
            “Estoy ansioso para volver a Mito con su regalo para mi Señor, Hideyoshi.” –dijo el samurai mientras empujó el sombrero hacía atrás hasta que colgaba encima de su espalda por la cuerda que lo había sujetado debajo de su barbilla. Hirata le miraba a la cara con calma. Era una cara cruel y ruda; una nariz ancha separaba a unos ojos profundos y malvados. La barbilla era cuadrada y firme, y una sombra azul escasamente escondía unas mejillas destrozadas por la sífilis. Este es un hombre que ha matado a muchos sin remordimiento, pensó Hirata. Y con la más mínima provocación, mataría de nuevo.
            “Me siento adulado que cree que tengo algo digno de ser un regalo para el gran Hideyoshi.” –dijo Hirata humildemente. “Pero como puede ver, esta es una casa simple. Tengo posesiones simples y mi arte es de mediocre calidad, más apta para quemar que para un obsequio.”
            El samurai miró a Hirata fríamente. Es un hombre sagaz. No se como se ha enterado, pero sabe porque estoy. Aquí ahora veremos si es tan valiente como sagaz.
            El samurai sacó su espada y la colocó contra la mejilla del artista. Con la presión más tenue, hizo un corte pequeño. Hirata se quedó inmóvil y silencioso mientras la sangre escurría por su barbilla y goteaba encima de su kimono blanco.
            “No quiero su arte cruda ni sus posesiones simples.” -gruñía el samurai. “El regalo por el que he venido es su hija. ¡Traédmela enseguida!.
            Hirata miró fijamente, sin emoción aparente, al samurai, pero a la medida que éste elevo la espada, golpeaba sus manos dos veces, y una chica joven entró desde el jardín. Era la muchacha más hermosa que había visto nunca el samurai, una figura pequeña y delicada, escasamente de 13 años, con una piel que era casi transparente, unas facciones perfectas, un tipo apuesto. De verás ella era un premio digno para cualquier rey. Su Señor estaría contento y le recompensaría generosamente.
            “Actúa con sabiduría, no con honor ni con valentía.” –dijo el samurai con desprecio. “Le pago por su obsequio con su vida. Ven, Okane, la llevo a una vida muchísimo mejor. Una vida de servicio para nuestro Señor Hideyoshi.”
            Con su espada todavía desvainada, el samurai cogió la mano de la asustada Okane, la llevó hasta la puerta. Ella no ofreció ninguna resistencia ni miraba a su padre, que no se había movido ni profería ninguna palabra. En la puerta, el samurai volvió hacía Hirata.
            “Ahora sería un buen momento para que usted disfrute de algo de su té y sake.” Enfundó su espada y anduvo triunfalmente a lo largo de la calle de la aldea con Okane corriendo par ir a su paso.
            La taberna estaba casi desierta cuando entraron el samurai con Okane. Inspeccionaba la sala grande desde la puerta, una precaución que se había convertido en costumbre en todas sus misiones. Estaba agotado por la constante vigilancia que tuvo que mantener desde su salida de la casa de Hirata y quería nada más que una buena comida, algo para beber y un poco de reposo. Estaba contento de ver al comerciante que había encontrado en su visita anterior consumiendo un manjar de arroz y pescado cocido en el distante rincón. Sus ojos se encontraron y el comerciante sonrió e indico que el samurai se uniera a él.
            El samurai se sentó fatigosamente encima del delgado tatami que estaba extendido delante de la mesa y trago con ganas la copa de sake que le ofreció en comerciante. Okane se sentaba resentidamente a su lado, sus ojos mirando hacia abajo e hinchados con lágrimas sin derramar.
             “Le doy las gracias por su hospitalidad y los consejos valiosos que me dio cuando nos encontramos la primera vez. Brindo por su salud y su futuro,” – dijo el samurai, y apuró una segunda copa de sake.
            Ahora que estaba sentado sintió el cansancio recorrer su cuerpo. Se sentía mareado, como si hubiera bebido demasiado. Pero entonces sus brazos parecían de plomo, sus piernas palpitaban y un dolor punzante corría a través de su pecho. El comerciante sonreía y estaba hablando, pero tuvo que concentrarse mucho para oír lo que decía.
“Hirata le da las gracias por su regalo de la vida. Para pagarle ahora le quitará la carga de su hija indigna de sus cansados hombros. El siente que le pareciera bien rechazar su hospitalidad durante su visita  su casa. Sabe que era un descuido de su parte y ha mandado su sake favorito para aliviarle y calentarle.”
El comerciante se levantó y, cogiendo a Okane por la mano, anduvo lentamente hacía la puerta. El samurai quedó sentado, paralizado, sin poder pararle.
“Le advertí.” –dijo el comerciante mientras salía por la puerta.
“Hirata es un hombre tortuoso. Todos los ninjas somos hombres tortuosos”.